Conexión Andrómaco 34

Con exión Andrómaco | 9 | Noviembre de 2017 “Veinte años no es nada”, canta Carlos Gardel en el inolvidable tango Volver. Y si bien es cierto que el tiempo pasa volando, en estas dos últimas décadas la vida cotidiana ha cambiado de manera tan vertiginosa gracias a la tecnología, que aquel pasado reciente casi se percibe como una postal color sepia. Veinte años atrás, en La Argentina era extraño ver a una persona hablando por teléfono por la calle. En la actualidad, tanta es la gente que utiliza sus celulares mientras transita rumbo a su destino, que las ciudades de Rosario y Buenos Aires ya implementaron los primeros semáforos tecnológicos especialmente diseñados para peatones inmersos en sus smartphones. Todo cambió. En los transportes públicos ya prácticamente no hay personas mirando el paisaje por la ventana o leyendo un libro, en los bares muchos comparten mesa pero no charlas cara a cara, por la vereda la gente camina con la cabeza gacha y la mirada concentrada en la pantallita que lleva en la mano. Ver qué pasa en el mundo, comunicarse con amigos, compañeros de trabajo, jefes y conocidos, darse a conocer, sociabilizar, la vida hoy parece pasar por esas cinco pulgadas. En la película italiana “Perfectos desconocidos”, la anfitriona de la casa dice que los celulares son para nosotros como las cajas negras de los aviones: allí está guardada toda nuestra vida. En poco tiempo se han transformado en una extensión de nuestro cuerpo, nos resultan tan imprescindibles que salir de casa sin ellos es como salir des- nudo. Reflexiones

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