Conexión Andrómaco 31

| 22 | Así como San Telmo representa al ícono del casco histórico de Buenos Aires, Puerto Madero, al ser el barrio más joven, se convirtió en el símbolo de la ciudad renovada, de la ciu- dad que volvió a mirar al río con una propuesta urbanística exclusiva y moderna pero respetando la fisonomía de las viejas edificaciones portuarias. Y aunque resulten antagónicas a primera vista, estas zonas porteñas hace ya mucho tiempo que están ligadas entre sí: antaño, a finales del siglo XIX y principios del XX, muchos de los extranjeros alojados en el Hotel de Inmigrantes se fue- ron a vivir a las grandes casonas de San Telmo convertidas en conventillos. ENTRE ANTIGÜEDADES Y ARTISTAS Por lo menos un domingo hay que ir a San Telmo entre las 10 y las 17hs. para ver la Feria de Antigüedades de la Plaza Dorrego. Hay objetos de todo tipo, desde arañas con caire- les hasta sombreros con tules, desde camafeos hasta juguetes antiguos. A su alrededor pululan bares y artistas, bailarines de tango, acróbatas, músicos que muestran su repertorio y que hacen de la calle una fiesta. DE PUERTO A BARRIO EXCLUSIVO Ideado por el ingeniero Eduardo Madero y construido entre 1887 y 1898, el puerto que dio nombre al barrio porteño número 47, funcionó poco más de una década como lugar para que arriben y zarpen barcos con mercancías. Efectivamente, el auge agroexportador de principios del Siglo XX hizo que el proyectado puerto quedara chico y cayera rápidamente en el olvido. Recién en 1989 se comenzó a realzar la zona mediante un concurso arquitectónico que llevó a cabo la Corporación Puerto Madero y que dio, como consecuencia, este barrio exclusivo que mira al río. Los depó- sitos y docks estilo inglés construidos por Eduardo Madero fueron reciclados como restaurantes, comercios y oficinas. Se puede aprovechar ese día para pasear por los alrededo- res, aunque es bueno reservarse otro más para apreciar los sitios sin tanto bullicio y poder zambullirse en nuestro pasa- do. San Telmo es uno de los pocos barrios donde todavía se pueden pisar los viejos adoquines grandes, pesados y resis- tentes tan típicos de nuestra vieja ciudad, esos que hacían que a Gardel se le piantara un lagrimón que al rodar en su empedrado era un beso prolongado que le daba su corazón. Por sus calles, entre otras cosas, encontrarán: La Antigua Tasca de Cuchilleros, una casona de fines del siglo XVIII; la casa donde vivió el pintor Juan Carlos Castagnino, cuya edificación también data de la misma época. El Pasaje San Lorenzo, una cortada de dos cuadras con viejas edificaciones. Allí puede visitarse Los Patios de San Telmo, una típica casona del siglo XVIII que alberga talleres de artistas y artesanos. Construido alrededor de 1890 como hotel de barrio, en 1979 se transformó en galería de arte y atelier de pintores y escultores. Su fachada fue modificada, pero en su interior la Galería del Viejo Hotel aún conserva su estampa italiana. El Pasaje Defensa es una gran casa de 1880 que pertene-

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