Conexión Andrómaco 28

| 10 | ilumina. “La combinación de la asistencia médica con el valor terapéutico del clown, a través del juego, la música y el arte, permiten conectar al niño con su poder creativo recuperando su mundo mientras se encuentra en el establecimiento”, comenta la Dra. Rosana Chiabrando, Jefe de Servicio de Pediatría y Terapias Intensiva e Intermedia Pediátrica Sanatorio Franchin. Con sus muchos colores, los payasos de hospital desfilan con alegría, interactúan con pacientes, familiares, médicos, enfer- meras y toda persona que se les cruce en una sala de espera. Llevan a cabo su labor con entrega y humildad, como un puen- te de arcoíris que embelesa con su aparición y deja estelas de dicha en los corazones. Puente Clown, Payamédicos, Alegría Intensiva, Hospi Payasos, Alegrañatas, son algunas de las aso- ciaciones argentinas que agrupan a estas personas dispuestas a llevar humor a quienes más lo necesitan. FÁBRICA DE ENDORFINAS Jugar, reír y pasar un momento agradable aumenta los niveles de endorfinas, opiáceos naturales que produce nuestro cuerpo y que, entre otras cosas, reducen la sensación de dolor y poten- cian las funciones del sistema inmunitario. Al ayudar a dismi- nuir el nivel de drama, el clown de hospital favorece a crear el ambiente para que la curación suceda. “Así como los doctores escogen fármacos o ciertos tratamientos, yo recolecto ideas que me ayudan a abordar el sufrimiento de los otros. Sé que el humor y el amor son los grandes maestros, y la curiosidad, la ANTE LA LEY Sancionada en mayo de 2015 por la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires y promulgada en agosto, la ley de Payasos de hospital dice que “cada servicio de terapia pediátrica deberá contar con un servicio de especialistas en el arte de clown o payasos hospitalarios”. En el artículo 2 señala que “se entenderá por payaso de hospital aquella persona especialista en el arte de clown que de acuerdo a la Autoridad de Aplicación reúna las condiciones y requisitos para el desarrollo de su tarea en los hospitales públicos provinciales y/o municipales”. La norma aclara que los clowns hospita- larios prestarán un servicio social y que percibirán honorarios como cualquier trabajador formal. Si bien la gran mayoría de los que realizan esta tarea recibieron la ley con alegría ya que esto implica un importante reco- nocimiento a la labor terapéutica que practican, también hacen hincapié en que debe ser muy cuidada su reglamenta- ción. “Estamos expectantes de su regulación y a disposición para el asesoramiento de quien lo disponga. Más allá de las particularidades que cada organización de payasos de hospital haya desarrollado, me parece fundamental la formación de los mismos. Un payaso de hospital debe estar preparado no sólo en artes escénicas, clown y demás sino también en la adaptación de este arte al medio sanitario; eso implica conocimientos básicos de bioseguridad y de los concomitantes emocionales que se ponen en juego en toda hospitalización, tanto de los pacientes como sus familiares, sin dejar de lado al equipo de salud”, opina la psicóloga Andrea Romero, especialista en Clínica Infanto Juvenil, cofundadora de Payamédicos Asociación Civil y pionera de este abordaje en la Argentina. poesía y la música, los coadyuvantes de aquellos”, cuenta el Dr. Doherty “Patch” Adams, aquel que irrumpió en hospitales con una nariz roja y acciones bufonescas en la década del setenta y abrió las puertas a la risa en los nosocomios del mundo entero. En efecto, poco a poco, su ejemplo se multiplica y aquella clá- sica foto de la enfermera solicitando silencio, queda cada vez más relegada por música y colores. “Trabajar con ellos no es sólo un beneficio para la salud, sino que es pura transforma- ción, porque nuestras actitudes y emociones modifican nuestra fisiología, biología, nuestra expresión genética”, escribe Marcela Corin, médica pediatra, Jefa del CeSAC N° 24 de CABA, en el prólogo del libro “Payasos de hospital. Historias de Encuentros”, de Andrea Romero, Liliana Méndez, María Marta Bianco, Vanesa Castro Arata y Verónica Macedo. Pero el camino no siempre fue llano: “en los servicios, a veces, nos costaba abordar a los profesionales. A lo mejor pensaban que la seriedad era lo que daba garantía de eficacia. La resis- tencia se fue transformando a medida que nos vieron traba- jar con responsabilidad y compromiso. Al ver el cambio positivo en los pacientes, empezaron a transformar su mirada hacia nosotros”, recuerda Marcelo Frutos, payaso de hospital desde 2008. Hay médicos que agregan la palabra clown a su currículum, como el pediatra Gabriel Santangelo: “creo que si uno le da una mano con un poco de amor payaso a alguien que tiene dolor, pone su granito de arena para que la situación se miti- gue o se transite mejor”.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA0NDEw