Conexión Andrómaco 25

Se hace camino El paisaje es hermoso. Cerros coloridos, aire limpio, amplitud visual, una ciudad baja y pequeña, pueblitos aún más chicos perdidos en la inmensidad, casas de adobe y techos de tierra, construcciones coloniales diseminadas por ahí y sol. Mucho sol. Hace casi una década que médicos y residentes del Hospital Austral visitan los Valles Calchaquíes y no precisamente por turismo: por estar, en promedio, a poco más de dos mil metros sobre el nivel del mar, esta es la zona donde se registra uno de los índices de mayor radiación ultravioleta del país. La sombra no abunda, la vida es al aire libre y sin cuidados las pieles se agrie- tan, las quemaduras se expanden. Gracias a un grupo de derma- tólogos que año tras año, con entusiasmo y perseverancia, viajan desde Buenos Aires a atender y brindar talleres de prevención a los pobladores del lugar, que a su vez están muy abiertos a apren- der y escuchar, las dolencias disminuyen y la salud mejora. La iniciativa es llevada a cabo por el Hospital Austral, la Universidad Austral, el Servicio Social Agustiniano y la colabo- ración de Laboratorios Andrómaco. El punto de encuentro es el Hospital Fernández de Molinos, una ciudad de poco más de cinco mil habitantes a 5 horas de ruta de Salta capital. La institu- ción cuenta con dos médicos generalistas que, aún con la mejor buena voluntad, no dan abasto para atender a los pacientes de la localidad y alrededores, y se les hace difícil lidiar con patologías que requieren ser observadas por especialidades médicas deter- minadas. La primera vez fueron médicos dermatólogos, unos pocos resi- dentes y dos alumnos; luego el viaje pasó a formar parte de la residencia de dermatología del HUA, se sumó una licenciada en Ciencias de la Educación para dictar talleres de prevención y una residente de Diagnóstico por Imágenes. Este año se agregó al equipo un pediatra y un endocrinólogo. Todos tienen el mismo anhelo: continuar con esta labor. Dr. Raúl Valdez, Jefe de Servicio de Dermatología del Hospital Austral Lazos que crecen “La idea de los viajes se gestó en pleno tránsito. Mi hijo Pedro, en ese momento estudiante de medicina, había ido por un grupo misionero con los padres Agustinos a la zona de Molinos, Santa María y Cafayate. Allí se contactó con el direc- tor del Hospital de Santa María quien le comentó que había muchos enfermos de piel pero pocos dermatólogos. Me lo contó en el auto, era mayo de 2005, quise organizarlo para el año siguiente, pero no me dio tiempo, había prometido mi pre- sencia para dentro de unos meses. Me contacté con Andrómaco que aceptó la propuesta enseguida. Y así fue cómo el 21 de sep- tiembre de ese año nos encontramos trabajando en el Hospital Vargas de Santa María, una ciudad catamarqueña de 20.000 habitantes. Notamos que la gente venía de Molinos y pueblos aledaños para atenderse, así que decidimos trasladarnos noso- tros en vez de los pacientes. Nuestra base actual es el Hospital Fernández de Molinos, donde hay sólo dos médicos. Allí, las tareas se dividen; dos grupos de profesionales y residentes emprenden diferentes caminos a los cerros, otros atienden en el hospital y dictan talleres en escuelas y en la sala de espera. Salimos a pueblos y pequeñas comunidades autóctonas. Ahora nos conocen y tenemos cálidas bienvenidas, pero las primeras veces había una cierta desconfianza. En algunas comunidades yo, jefe del equipo médico, tuve que presentarme ante el jefe de la comunidad y explicarle qué hacíamos allí. Con su visto bueno, los pobladores vinieron a atenderse. Fuimos rompiendo barreras, incluso idiomáticas. Por ejemplo, “nudos” le dicen a las articulaciones o “me hinca”, si les pica. Antes de los viajes hacemos reuniones de preparación y a la vuelta, de evaluación. De a poco vamos cubriendo necesidades. Con atención al paciente no alcanza. Hoy en día nuestra tarea se divide en un 30% de asistencia y un 70% de capacitación. Por ejemplo, el Fernández tiene un ecógrafo, pero nadie sabía usar- lo, entonces fue una alumna de Diagnóstico por Imágenes a realizar estudios a quienes lo necesitaran y enseñarles a los médicos a usarlo. Procuramos que haya un cambio de conduc- tas personales y sociales; en las escuelas ya no hay clases de edu- cación física al mediodía y la gente evita estar al sol a esas horas. Nosotros también aprendemos mucho. Gracias a estas expe- Hace nueve años que el Hospital y la Universidad Austral, el Servicio Social Agustiniano y Laboratorios Andrómaco emprenden viajes sanitarios hacia los Valles Calchaquíes. Allí brindan asistencia y talleres de prevención para la salud. Desde la primera expedición a hoy, se han sumado especialidades, los vínculos han crecido y el cuidado de la salud ha mejorado. Una travesía que promete enriquecerse cada vez más. | 6 | Viaje sanitario

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