Conexión Andrómaco 25

| 12 | EN CRECIMIENTO Esa etapa de cambio, alrededor de los 10 años, fue el eje de un estudio de la Sociedad para la Investigación del Desarrollo del Niño y la Universidad Radboud, de Nijmegen (Holanda), publicado en la revista Child Development. Durante cuatro años, cien chicos de esa edad fueron evaluados por el equipo científico en sus respectivas instituciones educativas. Se conclu- yó que aquellos niños que eran rechazados tenían altos niveles de cortisol (la hormona del estrés), incluso más altos que quie- nes sufrían agresiones; pero si los rechazados por algunos com- pañeros tenían amigos, su nivel de cortisol descendía en pre- sencia de ellos. Los resultados muestran que aunque los amigos no eliminan completamente el estrés de la escuela, sí lo redu- cen. Sin dudas, la adolescencia supone el auge de la amistad. En esta etapa de crisis en la que el niño está mutando hacia el adulto es cuando más se busca a los pares para identificarse, conocer nuevos caminos y abrir juntos la puerta a un mundo repleto de expectativas y temores. De esta época suelen quedar los amigos íntimos que nos acompañarán el resto de nuestros días. ADULTOS SANOS Todo aquel que se junta con uno o varios amigos siente que las tensiones se aflojan, que aparecen la alegría, la sonrisa y el relax. “La amistad es contención, comprensión, lealtad, libertad y sobre todo aceptación. Un amigo es alguien que te acepta tal como sos, frente a él se pierde la vergüenza, se comparten situa- ciones complejas, dolorosas y te hace sentir querido, algo fun- damental para mantenerse saludable”, dice el doctor en psico- logía social Horacio Serebrinsky, director de la Escuela Sistémica Argentina. Un ambiente estimulante contribuye a nuestro desarrollo. Rodearnos de pares que reconocemos como amigos, es una de las formas de alimentar nuestro espíritu, de alentarlo. “Cuando nos reunimos con amigos solemos utilizar ese momento para, entre otras cosas, recordar o hacer planes. El hecho de traer a colación viejos recuerdos implica poner en juego complejos cir- cuitos cerebrales involucrados en la rememoración, lo que los fortalece. Sin embargo, sabemos que los recuerdos no son inmutables; cada vez que son traídos a la conciencia, se tornan inestables y se pueden modificar. Por eso lo que recordamos no es lo que pasó, si no lo que guardamos la última vez que lo recordamos. Hacer planes, que es la otra cosa que hacemos con amigos, implica establecer un objetivo y diseñar una serie de conductas y pasos complejos que nos llevaran a la obtención del mismo. Este es un ejercicio cognitivo formidable, que implica un gran ejercicio cerebral”, sostiene el doctor Marcelo Cetkovich-Bakmas, jefe del Departamento Psiquiátrico del Podría decirse que los amigos funcionan como analgésico, ya que la per- cepción del dolor disminuye con una grata y querida compañía. A su lado, uno se distiende, relaja las antenas y sensores que alertan para no sufrir algún traspié. Por algo los especialistas en medicina del estrés aconsejan encontrarse con amigos una vez por semana.

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