Conexión Andrómaco 25

La amistad es salud Ya sea para compartir una alegría, procurar consuelo, ayudar o simplemente pasar un momento grato, los amigos son fundamentales para disfrutar, reflexionar y sentirse querido. A pesar de ser una palabra habitual de nuestro léxico –basta pronunciarla para saber de qué se está hablando-, la amistad es un vocablo que abarca tantos sentimientos de diferentes matices y profundidades que, como el amor, se hace difícil describirlo. La Real Academia Española la expli- ca como un “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Si bien es una definición erudita y precisa, compete a emociones tan complejas que deja sabor a poco. Al respecto, el psiquiatra Enrique Rojas, director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid y autor de Amigos, adiós a la soledad, reflexiona: “Es apasionante adentrarse en la idea de lo que es la amistad. Existe una autén- tica selva del lenguaje afectivo que da lugar a una tupida red de significados donde la imprecisión está a la orden del día, pues la vida y milagros de las emociones cobran alcances y acepciones bien distintas”. Hay amigos del alma, del colegio, del trabajo, del barrio. ¿Cómo se forman estos vínculos? ¿Por qué los sabemos tan importantes desde siempre si ni siquiera podemos expresarlos con exactitud? La amistad se siente en el cuerpo y en el espíritu, se forja desde temprana edad y el camino del aprendizaje y la experiencia logra que las raíces se fortalezcan y los sentimientos maduren. PRIMEROS PASOS En los estudios de psicología infantil se destaca que con la amistad entre pares los niños cultivan la cooperación y la comunicación, se sienten valorados y aprenden a relacionarse fuera del ámbito familiar, tanto a encontrar empatía como a resolver conflictos. Cuando estos lazos no existen o se rompen, eso afecta al desarrollo afectivo de la persona en cuestión y puede generarle un rechazo o aislamiento social muy doloroso y difícil (pero no imposible) de revertir. A medida que crecen, los chicos van profundizando el valor del vínculo. Los pequeños de entre 5 y 7 años definen a los amigos como aquellos que son divertidos, agradables o prestan sus juguetes. Eligen con quiénes estar, pero esa relación es momentánea. Luego, entre los 8 y 10 años, adquieren mayor capacidad para entender la relación más en abstracto, como cuidar o atender a otra persona, y más adelante pueden verla como una relación que persistirá través del tiempo. Aunque los pequeños se dan cuenta de la importancia del aprecio mutuo entre amigos, solo al final de la infancia y en la adolescencia se convierten en esenciales cualidades como la lealtad y la intimidad. Todos, al encontrarnos con un amigo, sentimos un inmediato bienestar. Nos reconforta que acuda a consolarnos ante una circunstancia difícil. Esa percep- ción física y mental ha sido estudiada y avalada por la ciencia: la buena com- pañía hace la vida más saludable. |10 |

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