Conexión Andrómaco 24

| 24 | Por las rutas Pablo Hardcastle, Rodrigo Calderón y Jorge Ullua recorren la Patagonia. Ellos componen la Regional Sur o, como les gusta llamarse con entusiasmo “La Sur”. Hace dieciseis años que Pablo entró a trabajar en Andrómaco gracias a un aviso que vio publicado en un diario. Está casado con Daniela hace veinticuatro años (“y seguiré casado”, aclara) y juntos tienen a Juan Cruz, de ocho. Todos los días sale de su casa a las ocho de la mañana, lleva a su hijo a la escuela y comienza su rutina de recorrer farmacias y consultorios médicos. Su base está en Cipoletti y Neuquén, pero también asiste a varias localidades cercanas. Calcula que en un mes visita unos doscientros treinta médicos y ochenta farmacias, pero siempre se las arregla para almorzar en familia, salvo, claro, cuando tiene que hacer 440 km para ir a Las Grutas. Aunque hace once años que Rodrigo Calderón es Agente de Propaganda médica de Andrómaco, los productos del Laboratorio forman parte de su vida. “Mi papá trabajaba en la empresa, y cuando yo era chiquito jugaba con las cajitas de las muestras, hacía autos, torres, cualquier cosa”, cuen- ta. Además de dejarlo jugar con los envases, su papá le dejó su puesto como legado. “Yo trabajaba en otro labora- torio y me vine corriendo, no porque estuviera mal en el otro lugar, sino porque siempre quise trabajar en Andrómaco”. Rodrigo lleva la vida sobre ruedas; hace tres giras por mes, una semana va a Puerto Madryn, Trelew y Rawson, la siguiente pasa por Río Gallegos y Santa Cruz y la tercera por Caleta Olivia y el resto de la costa de Chubut y Santa Cruz. Pablo Hardcastle, Rodrigo Calderón y Jorge Ullua El orgullo de pertenecer a “La Sur” Los fines de semana los dedica a estar con su mujer, Verónica, sus hijos Santiago, de tres años y Nina, de cinco meses, y a juntarse con sus amigos. Jorge Ullua se unió a Andrómaco en 2006. Padre de Felipe, de tres años, Jorge calcula que recorre unos 900 km por mes entre Neuquén y Río Negro. Para llegar a algunas ciu- dades y pequeños pueblos tiene que hacer varios kilóme- tros de nada, con el viento como única compañía. Como muchas veces ni siquiera tiene señal en el celular, Ullúa arranca bien equipado provisto de una caja de herramien- tas por si tiene algún desperfecto técnico con el auto. Pero esos viajes valen la pena: “aunque llegue a una ciudad fea, a mí me encanta, porque me reciben muy bien, es habitual que almuerce en la casa del farmacéutico y cene con un médico”, cuenta con entusiasmo. Jorge compensa tantas horas de manejo saliendo a correr o yendo a pasear al Chocón con Felipe. Aunque sus caminos muchas veces se bifurcan, los tres coinciden en algo: “Andrómaco es generador de una lealtad que la gente de afuera no entiende. Acá se trabaja muy cómodo y el clima de camaradería, la parte humana, es fas- cinante”, dicen. Y parte del orgullo de pertenecer a “La Sur” sin duda se debe a Nelson Morresi, quien los coordina desde Bahía Blanca. Tanto Pablo como Rodrigo y Jorge con- cuerdan: “nuestro jefe promueve que preguntemos, que opinemos, que hablemos sin tapujos y nos escucha. Eso nos da entusiasmo para seguir adelante”. za en el paraje Ruca Nehuen. De allí se asciende por un camino vecinal, muy sinuoso al principio, dentro de campos privados correspondientes al ejido de Trevelin, desde donde se divisa la represa de Futaleufú con la cordillera de fondo. Siguiendo las marcas celestes y blancas de Huella Andina se llega a la primera tranquera de un poblador; hay que pasar y cerrarla para que los animales no se escapen. El camino asciende en forma permanente. La segunda tran- quera pertenece al Área Natural Protegida y, por supuesto, hay que pasar y cerrar. A partir de aquí se atraviesa un bos- que profuso de Coihues y Lengas, con un sotobosque denso y de mucho renuevo. Caminando, caminando, se llega al lago Bagillt con su belleza única, encerrado entre enormes montañas de roca. Cuando pase el estupor ante semejante esplendor, hay que dar parte de llegada al guardaparque para que haga el registro correspondiente y asigne un lugar de acampe. El mayor deseo de quienes completaron algunos tramos de Huella Andina es volver para continuar el recorrido entre montañas, bosques y lagunas. Es redescubrir la naturaleza, conectarse con uno mismo, ver que existen y que tienen que seguir existiendo otras formas de ver la vida, es deleitar los sentidos en su forma más pura. >> Las fotos son gentileza de Parques Nacionales

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