Conexión Andrómaco 23

Con exión Andrómaco | 9 | Septiembre de 2013 Por Virginia Poblet La vida en positivo La voluntad, la perseverancia, la confianza en uno mismo, el optimismo y el buen humor son claves para disfrutar del recorrido hacia la meta. Reflexiones en pràctica Pilar Geijo habla rápido, con la rapidez que caracteriza al entusiasmo. Gesticula, apoya el dedo con firmeza sobre la mesa cuando necesita darle énfasis a sus palabras y tiene una sonrisa casi permanente. Mueve los brazos para expandir sus dichos y se ríe con franqueza llevando un poco la cabeza hacia atrás. Sin dudas, es una persona alegre. Fue precisamente ese espíritu dichoso el que hizo posible que hoy sea bicampeona mun- dial de natación en aguas abiertas. Eso, una férrea voluntad para entrenarse y tener los objetivos claros. El primero en vislumbrar su futuro fue el gran nadador Alfredo Camarero, él también bicampeón mundial en la misma categoría en los años 1955 y 1956 y ganador del Cruce del Canal de la Mancha en 1959. Alfredo la veía entrenar en GEBA cuando era chica y siempre le decía que le iba a ir muy bien en aguas abiertas por- que era muy alegre. “En ese momento yo no entendía muy bien a qué se refería. Con el tiempo me di cuenta que era porque en carreras tan largas muchas veces te confrontás con inconvenientes, cosas imprevistas que surgen y hay que tener un humor muy especial para resolverlas y nadar mejor; porque sin buen humor te ahogás en vos mismo”, reflexiona Pilar. Esos escollos pueden ser desde un lobo marino que salta a tu alre- dedor, nadar en medio de un colchón de aguas vivas, enfrentarse a aguas muy frías o muy calientes hasta deslumbrarse con el nado de una tortuga gigante. Fue Camarero también quien la llevó a su primera competencia de aguas abiertas. “Tenía 14 años. Fue en San Antonio de Areco y gané. Era cortita, de 20 minutos”, recuerda. Hoy Geijo puede nadar más de 9 horas, fuerte y sin parar. Ya sea lago, río, mar o pileta, su hábitat es el agua. “Soy como un pez de la superficie”, se define. VIDA ACUÁTICA Como a sus tres hermanos, a Pilar la mandaron a aprender a nadar a los 6 años por una cuestión de seguri- dad y empezó a competir a los 8. Entrenaba todos los días un turno hasta que terminó la secundaria. Después fue por más porque tenía los objetivos muy claros: “a los 13 años me hice un cartelito que decía Campeona del mundo y lo puse en mi escritorio así lo veía siempre. Todavía lo tengo”, dice con una sonrisa amplia. Hoy se mete en la pileta cinco horas diarias divididas en dos turnos, seis días a la semana y comple- menta con dos horas de gimnasio. Practica perseverancia y resistencia para poder hacer luego 57km u 88km a base de crawl sin parar. Entre medio de tanta agua, Pilar se las ingenió para estudiar en la universidad. “Me faltan 5 materias para

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