Conexión Andrómaco 22

| 34 | y eficaz servicio que prestaron a la empre- sa. De aquellas contrataciones surgió lo que podríamos llamar la columna jerárquica de nuestra organización: la Alta dirección y los Mandos medios que cubren las dos décadas que abarca el presente capítulo. Ese grupo de cola- boradores fueron la continuidad, tomaron el relevo de los que vinieron a poner en marcha Andrómaco en la Argentina a partir de 1926. Casi todos ellos ingresaron muy jóvenes –unos pocos con títulos universitarios– y conocieron Hay dos casos, entre los ya citados, que conviene volver a recordar. Ingresaron con quince años de diferencia, sus responsabilidades fueron diversas, pero sus trayec- torias coinciden a lo largo de estas dos décadas. Por un lado Carlos Joaquín Salvo, argentino, hijo de españoles, ingresado a la empresa (situada por entonces en la calle Pasco 66) con solo catorce años de edad en 1930, como “Mecánico” (sic); a partir de 1939 trabajó en “Laboratorios”, cuando nuestra planta estaba en la calle Carlos Calvo 3239, en el corazón de Boedo; en 1942 fue ascendido a Capataz de Fábrica, de la que fue nombrado su jefe en 1946. Entre 1947 y 1954 sumó el cargo de Subgerente General. En 1955 fue ascendido nuevamente a Gerente de Fábrica. Y en 1957, con solo cuarenta y dos años, este colaborador fue convocado por Raúl Roviralta, cofundador de Andrómaco, a ser su mano derecha, para supervisar todos los negocios de Laboratorios Andrómaco, presente en más de diez países. Honró la confianza del propietario con una dedicación y lealtad extraordinarias, las mismas que obtuvo de sus colaboradores. Por otro lado, Delia Seoane Ríos, farmacéutica, hija única, de padres españoles también, ingresó a Andrómaco en 1945 con veintidós años. De acuerdo a nuestros registros, en 1952 pasó a la “Sección Química”, de cuya jefatura se hizo cargo a partir de 1960. Un año más tarde fue reconocida con la Dirección Técnica de la empresa, en reemplazo del Dr. Juan Claudio Sanahuja, que pasó a ocupar la Dirección Científica. “En un principio –nos dice– hacíamos un poco de todo, lo que era muy bueno, porque aprendíamos”. Su trabajo en Andrómaco no apagó su vocación académica y científica. En 1958 accedió a una beca de casi dos años en España. Sobre su inquietud, iniciativa y oficio magistral, descansó la formu- lación de un producto tópico lanzado en 1974; se trataba de Dermaglós, producto al que nos referiremos en el siguiente capítulo. Al consultarla acerca de Carlos Salvo, nos comentaba: “Un gran jefe, mucha gente colaboraba con él. Un hombre muy práctico. Muy justo y muy exigente. ¡Buenísima persona! Los horarios –para él– eran sagrados”. Son opiniones coincidentes con las de muchos colaboradores de esta época. Y al referirse a Andrómaco, institucionalmente, agregaba: “Si había alguien que tenía un problema, ahí esta- ba Andrómaco: era el respaldo frente a una eventualidad”. BREVE DESCRIPCIÓN DE DOS COLABORADORES DESTACADOS a la empresa desde muy adentro, a las órdenes de sus fundadores. Y entre perfumes dulzones y olo- res a mar, se cosieron aromas de distintas culturas y formas de trabajar: la nuestra y la peninsu- lar. El resultado, nuestra actual identidad: una empresa farma- céutica argentina, familiar, en el barrio de San Telmo, con afán de durar. <<

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