Conexión Andrómaco 22

| 32 | No necesitamos entrar. Basta acercarnos a la puerta de nuestros anfitriones para conocer qué menú eligieron para homenajear- nos. Tan ágilmente funciona nuestro sistema olfativo. Por ele- mental que parezca la comparación, una planta farmacéutica es una cocina de escala industrial: ingredientes, agua, vapor, reac- tores y expertos que velan para que no se produzcan desvíos. Y según la receta de cada día, así serán los aromas que esa enor- me cocina comunica a propios y ajenos. A lo largo de estas dos décadas Andrómaco tuvo sus aromas característicos también. Acercarse a esta empresa y ser alcanzado por estos eran la misma cosa. Lideran esta nueva etapa los aromas dulzones de los jara- bes, que daban cuenta del suceso conseguido por Codelasa, una asociación de L.A.S.A. –el antiséptico y fortificante bronquial de Andrómaco– con la codeína, un opiáceo descubierto un siglo atrás. Como vimos, a fines de la década de 1940 este producto explicaba el 15% de las ventas de la empresa. En la gradación olfa- tiva, le seguía el aceite de hígado de peces –también conocido como vitamínico–, inicialmente utilizado como ingrediente básico de Glefina –tónico reconstituyente, primer producto de la compañía– y, más tarde, formulado de manera tópica en Hipoglós, un producto curativo de la piel con amplio espectro. Por último, el penetrante ácido undecilénico, ingrediente activo de Piocidex, antimicótico lanzado en 1948 con excelente respuesta de los consumidores. Con estos tres aromas característicos Andrómaco atraviesa el período que nos ocupa. En aquella época, los aromas viajaban suspendidos en el aire, de un lado al otro, sin pedir permiso. Y cuanto más espacio dispo- Capítulo V: Desarrollo institucional (1950–1970) Con ocasión del 85. o aniversario de Laboratorios Andrómaco en la Argentina

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