Conexión Andrómaco 21

Los motivos de consulta fueron por enfermedades prevenibles con los actuales recursos de salud: accidentes, maltrato infantil, intentos de suicidio, embarazo adolescente, adicción a drogas y/o alcohol, entre otras. Todos estos cambios en el perfil epidemiológico se produjeron simul- táneamente con otros en los sistemas de salud, en buena parte deriva- dos de la globalización de la economía. Estos cambios, que son parte de la reforma del Estado, han dado como resultado una profundiza- ción de la segmentación: se han multiplicado las empresas prepagas con baja accesibilidad para los trabajadores precarizados. Los hospitales públicos y todo su personal de salud han sentido duramente las consecuencias de los ajustes pues aumentó la consulta por parte de la clase media y baja que perdieron su cobertura social. Así, el sector público sufrió el estrés y la sobre- carga de todo el equipo de salud hospitalario. También es real que los comienzos del siglo XXI mostraron otras mudanzas en el estilo de vida, la alimentación y las formas de comunicación de nuestros niños. En hogares donde ambos padres trabajan, las actividades coti- dianas de los infantes significan largas horas frente al televisor o la computadora y menos horas de juego. Estos cambios los han dejado expuestos a enfermedades derivadas del estrés, la mala ali- mentación y el sedentarismo que antes solo padecían los adultos. Nuestros consultorios debieron prepararse para asistir y prevenir las patologías derivadas de esta “nueva infancia computarizada”, tales como hipertensión, obesidad, diabe- tes tipo 2 y anemia. Problemas psicopatológicos como el estrés, la drogadicción e incluso depresión hoy afectan a nuestra población pediátrica. Sobre este escenario integral es evidente que “la moderna pediatría hospitalaria del siglo XXI” deberá seguir trabajando para jerarquizar las deudas pendientes que nos quedaron, como la reducción del índice de mortalidad infantil y las patologías prevenibles con vacunación, combinadas con la asistencia de las patologías agudas, crónicas complejas o trasplantes derivados de los avances científicos actuales. Pero el pediatra no puede estar ajeno a los cambios socio-eco- nómicos desfavorables que implican nuevos desafíos, tales la drogadicción, el alcoholismo, el embarazo adolescente o el mal- trato infantil, y las nuevas enfermedades provocadas por el “mundo infantil computarizado”: la obesidad, la diabetes o la hipertensión arterial. Es mucho el trabajo que nos espera y son muy diferentes los escenarios de problemáticas actuales, que abarcan desde pato- logías generadas por la pobreza y la exclusión social, hasta las complejas enfermedades que hoy se enfrentan gracias a los avances tecnológico-científicos de la medicina actual. El pediatra hospitalario deberá ejercer un rol protagónico como “médico de cabecera”, asumiendo un liderazgo parti- cipativo con los diferentes especialistas e interdisciplinas a fin de evitar la fragmentación orgánica causada por la visión de las especialidades. Nuestro objetivo se centrará en la interpretación del niño como “un todo”, inmerso en su familia y sus problemáticas socio- económicas y culturales emergentes. La pediatría de este nuevo siglo nos impone el desafío, desde la alta complejidad, de aprender a trabajar “en equipo” con todos los centros de salud. Es necesario trabajar formando “redes de referencia y contra- rreferencia” con hospitales de menor complejidad, centros de salud o consultorios periféricos, para poder devolver los niños a su lugar de origen bajo la supervisión de los médicos pediatras que ejercen su profesión en esos centros de menor complejidad. La creación de redes que permitan el mantenimiento de un “diálogo fluido y una educación continua de todo el equipo de salud” nos permitirá dar una mejor atención integral al niño, sin descuidar su entorno familiar, y reinsertarlo tempranamen- te en su comunidad. >> Con exión Andrómaco | 25 | Diciembre de 2012

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