Conexión Andrómaco 21

| 16 | 200 por mil antes de cumplir un año y ahora es de 7 por mil. Es la más baja de Sudamérica y en toda América solo Canadá tiene la mortalidad infantil más baja que la nuestra. Ya no hay niños que se retrasen en el crecimiento, los chilenos están creciendo muy rápido y en esta generación los hijos son más altos que los padres, con ocho centímetros más en promedio. Esto se debe a que están expresando mejor el potencial genético. Se comprobó que el chileno no era bajo. Cuando usted habla de sus logros, ¿cuál es la cifra o esta- dística que más lo enorgullece? El 75%de las muertes en Chile se producían antes de los 15 años de edad, era una realidad que se tomaba como normal. La expectativa de vida en Chile en el año 1950 era de 39 años. Al desaparecer la muerte prematura inmediatamente aumentó la expectativa de vida a 80 años. Esa diferencia ocurría en los primeros años de vida y nosotros lo dijimos, este es el problema y todo lo que viene después es consecuencia, por lo que nuestra estrategia estuvo en diseñar una prevención para esa edad. ¿Tiene algún niño o momento que lo haya marcado? ¡Fueron tantos! Estábamos todavía sin poder catalogar cuál era el problema y la dimensión de lo que estaba ocurriendo. Hacíamos investigaciones en el Hospital Manuel Arriarán donde teníamos una unidad metabólica con tres salas de 12 camas con desnutridos que, a pesar de todos los cuidados que les dábamos, tenían un peor pronóstico que otros porque sus defensas eran muy bajas y fácilmente se contaminaban. Recuerdo que en esa etapa teníamos reglas muy estrictas, como que los niños tenían que estar en condiciones de asepsia y que nadie los podía tomar en brazos. Un día vi que una auxiliar de enfermería tenía una de las guaguas desnutridas en el brazo. Entonces le dije: “Estás haciendo todo lo contrario de lo que te decimos. Estos niños no se pueden tomar en brazos, deben estar aislados”. Pero había una cosa rara, en esa sala el pronós- tico era mejor. Le pregunté por qué lo hacía y ella me respon- dió: “Cuando se van los médicos yo los tomo, los llamo por el nombre y les canto. Creo que hay que enseñarles a vivir. ¿Cree usted que si los ponen en una cama mirando el techo blanco, sin que nadie se les acerque ni le muestre cariño, van a querer vivir? Por eso esta sala anda mejor”. Esa mujer me enseñó que era fundamental la estimulación afectiva, motora, cognitiva. Eso nos dio una pauta para que Conin fuera tre- mendamente eficiente. Con la estimulación afectiva moría el 1% de los niños. Cuando llegaba un niño desnutrido y le comenzaban a demostrar afecto y a estimularlo, se veía el cambio día a día. ¿El sistema de Conin se ha extrapolado a otros países? Sí, hay Conin en la Argentina, en Perú y en Paraguay, entre otros. Allí lo han llevado a cabo privados que es una diferen- cia grande con Chile, ya que aquí nos convencimos de que el problema era demasiado grande como para que lo tratara solamente Conin. Nosotros podríamos haber tratado solo a los desnutridos graves, pero no habríamos solucionado el problema de raíz. Teníamos que contar con la participación del Estado, que se comprometió a prevenir el daño. Esos Conin que están en América Latina lo están haciendo bien pero les falta la parte fundamental que es prevenir, solo están paliando el problema. El Prestigioso Dr. Abel Albino habla con mucha admira- ción y cariño de su maestro, el doctor Monckeberg. En una comida a beneficio para la red de Conin en la Argentina contó que cuando le fue a comunicar que se quería dedicar a la desnutrición infantil, usted le res- pondió: “Vas a ser muy feliz”. ¿Por qué dedicarse a una realidad tan dura puede generar felicidad? Ver que cambió un país es una satisfacción que no te la quita nadie y que la vas a gozar toda la vida hasta que te mueras. Aunque fue el trabajo de muchos, de alguna forma creé las posibilidades para que sucedieran las cosas y ese orgullo no me lo quita nadie. >> Gente en acción

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