Conexión Andrómaco 21

| 12 | “No sé si se puede llamar vocación lo que me llevó a trabajar para erradicar la desnutrición”, dice el doctor Fernando Monckeberg al empezar la entrevista. “Más bien fue producto de la circunstancia. A medida que me han ido sucediendo las cosas, he ido investigando y eso me ha hecho comprometer- me”, explica mientras se ríe al pensar en lo fortuito que fue su comienzo en el trabajo en pos de eliminar la desnutrición en Chile. Para él las circunstancias le hicieron estudiar medicina, y luego, ya como doctor, conocer niños con desnutrición lo llevó a estudiar Pediatría. Fue persistente en no darse por satisfecho con las medidas para paliar la desnutrición y en buscar una solución. “Yo lo llamaba un problema oculto. Nuestro gran problema para luchar contra la desnutrición fue hacer que la comunidad abordara un problema que no quería ver”, refie- re este pediatra de la Universidad de Chile que, basado en su creencia de que la desnutrición era el centro de varios proble- mas de la sociedad chilena, se embarcó en un gran proyecto que implicaba no solo repartir “unos alimentitos”, sino hacer cam- bios significativos en la infraestructura del país, el sistema de salud y de educación. Para esto, él y su equipo se enfocaron en la prevención, creando proyectos de alcantarillado, agua pota- ble, entrega de alimentos, control de niño sano, vacunaciones y atención primaria de salud. “Yo estimo que todo el progreso social y económico del país en los últimos 20 años se debió a que cambió el chileno”, señala el Dr. Monckeberg, que a sus 86 años sigue siendo presidente de Conin, Corporación para la Nutrición Infantil que fundó en 1976. Este año recibió el Premio Nacional de Medicina, distinción que se suma a muchas otras que destacan tanto su excelencia profesional como sus virtudes personales. ¿Cómo llegó a trabajar para eliminar la desnutrición en Chile? Recién recibido de médico un compañero me llevó a conocer la población La Legua, donde no había agua potable ni caminos y las viviendas eran de material ligero. Vivía ahí el cura Maroto, que me pidió que atendiera a los niños, que se enfermaban y morían sin atención médica. Estuve ahí dos años en los cuales me cuestioné todo lo que estaba viendo, porque si algo me caracteriza es no conformarme con las cosas como están. La situación era muy anormal, me parecía una situación subhu- mana muy distinta de donde yo me había criado, por lo que quise cuantificar esa realidad. Comencé a hacer mi primer tra- bajo de investigación. Decidí contar el número de palabras que la madre usaba a diario, pensando que el lenguaje crea cultura. El resultado fue muy demostrativo: la madre utilizaba un pro- medio de 180 palabras, una cantidad muy limitada que indica- ba que vivían un mundo del momento, sin pensar en el futuro y sin expectativas. ¿Cómo relacionó este problema con la nutrición? Me pregunté: “¿De dónde arranca esto?”. Entonces comencé a estudiar a los niños. Ahí me di cuenta de que el retraso no era solamente intelectual sino también físico. A temprana edad los Dr. FernandoMonckeberg su lucha contra la desnutrición En una época en que la mortalidad infantil en Chile superaba el 70% y esto a nadie parecía llamarle la aten- ción pues “siempre había sido así”, el doctor Fernando Monckeberg se sintió llamado a cambiar esa injusta realidad. Durante treinta años luchó por mejorar la salud infantil de la población chilena, erradicando la des- nutrición y cambiando la cultura del país.

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